jueves, 14 de octubre de 2010




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Recoges las hojas que deja el otoño a tus pies, lees su historia antes de que regrese el viento.

Ladra un coche para advertirte de su presencia.

El entra con los brazos abiertos al cuerpo del silencio y bordea tu hombro para no perderse.

Retrocedes un paso en la arena, le dices:

- espero con la llegada de la ola un nuevo camino de espuma.

Aúlla su dibujo sobre tu folio en blanco,

y le suplicas al sol que se arrodille ante vosotros para acariciar su ocaso.

Todo dios puede equivocarse, creerás, predijo tres veces antes de marcharse.

2 comentarios:



  1. Das la vuelta y te encuentras con ese instinto que bordea tus labios,

    a partir de ellos tus ojos se agachan hasta el suelo,

    donde el agua se lleva la primera y la última de las perplejidades.


    Miras donde nadie ha mirado,

    ves el viento en la playa

    y te acercas al oído una espiral hueca

    en la que caben todos los sonidos de las olas;

    puedes escucharte bajo la resaca,

    dibujar cada ruido que se pronuncie

    al acostarse el sol ante nosotros.


    Nadie estaba en lo cierto,

    la espuma puede llegar en silencio,

    solo creerás que existe cuando las hojas se manchen con tus palabras.


    Ío

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  2. Pues es muy difícil creer, es muy difícil...

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