jueves, 21 de octubre de 2010


Las nubes regresan a la ciudad, todos tienen sed.


Se amontonan en los bares, traen extraños sonidos de hojalata a mi espalda,


y sus corazones gastados suspiran por el vital latido de las copas.


Algún amor crece al otro lado de la barra, desfallece con una sonrisa apurada.


Alzas tu mano hasta donde guardo mi secreto alado,


se cobija al abrigo de una ilusión que se deshace como el hielo.


Y te desangras con las luces que me ven temblar.


Porque en la canción que se repite, existe un movimiento silencioso de huida,


la mirada nocturna me devuelve huérfano a casa.





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2 comentarios:

  1. Según mi parecer, este es uno de los mejores poemas que experimentan en ruido, será sonido de hojalata o el cristalino tintineo de las copas.

    Con la copa en alto te invito a mi brindis que encontrarás en mi blog.

    Salud

    Francesc Cornadó

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  2. A esta hora el cielo permanece en el bolsillo de una estrella

    la abro para ver como la sonrisa de una nube se mira el ombligo,

    y me pregunto dónde está la última luna

    y si el sol será capaz de derretirla con un ruido.


    La música y su resaca del día después;

    te veo madrugar ahora mismo,

    tienes sueño a pesar de él,

    inicias la carrera para irte, reclamando ese instante de huida

    que te regresa a la arruga que tu cuerpo dejó cuando no estabas.


    Levanto mi mano contra el ciego disfrazado de utopías,

    y suelto al perro de su collar para que profane tu boca seca.


    La mañana comienza con claves imaginadas en el arcén,

    con aire de fugitiva me arropo con tu secreto.


    Hay ocasiones de mundos al despuntar las perspectivas.


    Ío

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