lunes, 27 de diciembre de 2010



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Un año cualquiera empieza por los pulmones.


Y termina con mi cabeza apoyada en un retrete, intentando resucitar.


A medio camino queda el corte de las horas en la espalda de esta ciudad.


Tumbado boca abajo me recuerda que hoy es navidad,


donde las aceras se tiñen de rojo y yo dejo escapar una sonrisa apopléjica.

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2 comentarios:

  1. este poema es buenísimo, enhorabuena, te felicito.
    Deberíamos conseguir que el tiempo no nos pusiera contra la pared, que el año empezara en nuestra piel y que no pasara de ahí. Piel de rinoceronte esto es lo que hay que conseguir.

    Salud

    Francesc Cornadó

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